miércoles, 28 de septiembre de 2022

LA REALIDAD DEL DOCENTE

                 ¿Cuál es la realidad del docente? ¿De verdad la conocemos? Socialmente en la actualidad “la realidad del docente” la suelen resumir en pocas palabras, a veces vacías de contenido, o en una oración que para muchos y muchas lo engloba todo, los docentes tienen muchas vacaciones.

               Un docente o una docente no son solo las vacaciones que tiene o las horas presenciales que está en el centro escolar. Hay muchas horas de trabajo y dedicación (preparación de materiales, tutorías con el alumnado, tutorías con las familias, reuniones, equipos educativos, claustros, sesiones de evaluación, formación…) que no se ven y que por ese motivo son muchas veces infravaloradas por la sociedad, los amigos e incluso los propios familiares del docente.

                Un docente o una docente tampoco se debe medir por el número de aprobados que tiene en cada clase. Si el número de aprobados es alto es buen/a docente, explica bien, utiliza materiales adecuados, seguro que usa recursos digitales… Si el número de aprobados es bajo, no sabe explicar, no se preocupa por su trabajo, el material no está actualizado, no usa la tecnología… Es algo que ocurre y os puedo asegurar que no refleja la realidad de la enseñanza ni el nivel de aprendizaje. Conozco muchos casos y normalmente la docencia y el ser docente es algo vocacional, no algo cuantitativo que se pueda resumir en un porcentaje de aprobados y suspensos.

                Ser docente, para mí, engloba muchísimo más que lo que socialmente se ve. No son unas vacaciones, ni la falsa idea de que siempre explican lo mismo y que, por ende, no se lo tienen que preparar, ni una estabilidad laboral… He llegado incluso a escuchar la pregunta: ¿Qué mérito tiene ser docente?

                Ser docente es asumir el reto cada curso escolar, cada día, cada hora de ponerte delante de un alumnado para enseñarle muchas cosas, no solo el contenido de la materia que impartes. Eres docente siempre de una materia (matemáticas, inglés, lengua, historia…) pero también te toca algunos días ser un oído que escuche tanto a un alumno o alumna como a su familia, un ejemplo que enseñe, una palabra que anime e incluso actuar como madre o padre si la situación lo requiere.  

                Enseñar no es únicamente, como muchos y muchas piensan, llegar y soltar el rollo que toca explicar ese día y listo. Enseñar es encontrar en tu alumnado ese botón que todos y todas tienen. Un botón que en muchos casos se encuentra cubierto de una serie de características personales, sociales y familiares que el docente debe saber entender y tratar para poder accionarlo. Cuando se consigue accionar se despiertan las ganas de aprender y verdaderamente se enseña.

Pero… ¿qué pasa cuando no se consigue accionar ese botón? Si ese botón no se acciona, es difícil aprender y normalmente la culpa de no aprender la tiene la persona encargada de enseñar, el docente o la docente. Da igual si ha intentado accionar el botón un millón de veces, da igual los recursos que haya utilizado y da igual las horas que le haya dedicado. No lo has conseguido como docente y es lo que todos y todas ven.

Esto lo sufre el docente o la docente y es una realidad que o bien se desconoce o bien se le presta poca atención porque no es entendida por la sociedad. Esta realidad es el fracaso, la impotencia, el agotamiento mental que incluso provoca, en muchas ocasiones, una bajada de la autoestima. Una realidad que parece no tienes derecho a mostrar porque, socialmente, no puedes tenerla porque recordemos tienes muchas vacaciones, tienes estabilidad laboral, explicas siempre lo mismo

No hay comentarios:

Publicar un comentario